Las tensiones entre las autoridades gachupines y novohispanos eran cada vez mayores. En consecuencia, 16 de septiembre un grupo de criollos inconformes encabezados por Miguel Hidalgo y Costilla, cura del pueblo de Dolores, Guanajuato, llamó a todos los novohispanos a acabar con el gobierno de los españoles peninsulares, al mismo tiempo que proclamaba su fidelidad a Fernando VII. La insurrección muy pronto se extendió por todo el centro de México adquiriendo matices muy violentos. El general Félix María Calleja, comandante general de las Provincias Internas de Oriente, ordenó que los cuerpos de milicianos y tropas veteranas del Nuevo Santander se le unieran en San Luis Potosí para ir a combatir a Hidalgo. Bernardo Gómez de Lara y los indios de Tula y sus alrededores se adhirieron a la causa del padre Hidalgo.